Adiós Puyol

Carles Puyol, debe ser la representación humana más fiel del Rey León que haya visto. No sólo por su cabellera larga y desordenada, sino por sus enésimas demostraciones de coraje, pundonor y entrega total al club de sus (y mis) amores, el FC Barcelona.

Puyol fue el defensa central (y a veces lateral) por 19 años (incluyendo las inferiores) en un club al máximo nivel. No había diferencia al verlo correr tras de un un atacante entre él y un león detrás de su gacela, uno sabía que el desenlace era inevitable, que terminaría destrozando su presa. Hasta llegué a sentir lástima por tantos y tantos delanteros que vieron frustradas sus aspiraciones de gol frente al “León” Puyol, porque uno inevitablemente se termina compadeciendo de las víctimas, a pesar de que sabe que es la ley de la naturaleza, la supervivencia del más fuerte.

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Atrás quedan tantos momentos que perdurarán en el recuerdo, como Puyol gritándole a Piqué estando el equipo al ataque, sólo para saber si estaba espabilao. O como aquella vez que ganando 2 a 0 al Porto, saltó a luchar un balón y al caer se dislocó el brazo (o el hombro o se lo partió, da igual) y siguió jugando hasta finalizar el partido. O cuando un balonazo en la cara le partió el pómulo y a la semana ya estaba jugando de nuevo, aún con dolor, con una máscara que hacía aún más épico su regreso al equipo.

Cómo olvidar sus clásicas subidas al ataque, cuando volaba por los aires tras un córner magistralmente cobrado por Xavi que llevaba las coordenadas de la cabeza de Puyi, esa misma jugada que nos dió triunfos frente al Madrid o le servía a España para vencer a Alemania y pasar a la final del Mundial de Sudáfrica, el cual terminarían ganando después. Imposible de olvidar también sus regaños a Alves y a Thiago por ponerse a bailar tras un gol, con el partido 6-0, por respeto al rival.

Adios Puyol

Hoy se va, por dignidad, pues aún le restan 2 años de contrato. Es él el que dice adiós al Barcelona pues siente que no puede dar la talla y prefiere retirarse (?) antes que andar arrastrándose por el campo. El lamento es doble, por su partida y porque no hay otro Puyol en el equipo, ni en sus divisiones inferiores. Defensas buenos sí, pero ninguno que se deje el alma (la cara, la pierna, el hombro y demás) en cada balón sin importar el marcador, ninguno que te hiciera confiar en lo imposible, como aquella vez que detuvo un balón con los huevos frente a la línea de gol. Sí, ese era Puyol, el Capitán, Tarzán, el Tiburón o como prefiero decirle, El Rey León.

Te extrañaremos Capi

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